Grande Es Nuestro Dios (08-29-2010)

Publicado: 30 agosto, 2010, No Hay Comentarios Categoría: Bosquejos,PPTs Sermones (IBWS)

GRANDE ES NUESTRO DIOS
Cita base: Nahum 1:1-8


Nahúm 1:1-8

1 Profecía sobre Nínive. Libro de la visión de Nahúm de Elcos.
2 Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos.
3 Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies.
4 El amenaza al mar, y lo hace secar, y agosta todos los ríos; Basán fue destruido, y el Carmelo, y la flor del Líbano fue destruida.
5 Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan.
6 ¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas.
7 Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.
8 Mas con inundación impetuosa consumirá a sus adversarios, y tinieblas perseguirán a sus enemigos.

El profeta está aquí cargado con una terrible sentencia. Pero mientras que los juicios registrados lo son contra la antigua Nínive, son una revelación muy solemne para nosotros del gran y terrible Dios con quien tendrán que vérselas los pecadores no arrepentidos.

I. Dios es celoso (Nah.1:2). Los celos pueden ser definidos como un estado agitado de mente, bajo el temor de que otro haya seducido los afectos de la persona que tú amas. Dios es celoso de cualquier rival por nuestros afectos y confianza, precisamente porque Su amor es tan bueno y verdadero. «No améis el mundo, ni las cosas que están en el mundo», para que no lo provoquéis a celos. El mundo y el yo son Sus rivales.

II. La venganza del Señor es furiosa (Nah.1:2). Cuando Dios es por nosotros Su poder es Omnipotente; cuando es en contra de nosotros, es igualmente Omnipotente. Cuando Él se vengue de Sus adversarios, será con una furia abrumadora. ¡Oh, hombre orgulloso, piensa en el Dios con quien tenemos que ver!

III. El Señor es tardo para la ira (Nah.1:3). Él no es lo que decimos de algunas personas, «de temperamento apacible». Toda la historia pasada es prueba de esto. En los días antes del Diluvio, Dios les dio 120 años de plazo (Gn.6:3). Esta longánime paciencia de Dios es frecuentemente mal comprendida como una absoluta indiferencia. Mientras que Su ira viene lentamente, bendito sea Su Nombre, Su amor viene rápidamente.

IV. El Señor es grande en poder, y «de ningún modo tendrá por inocente al culpable» (Nah.1:3, V.M.). ¿Cómo escaparemos si descuidamos una salvación tan grande? Aquí tenemos la respuesta: «De ningún modo». ¡Qué verdad más solemne y urgente es ésta para los que niegan Su amor e ignoran Su ofrecida misericordia en el Evangelio de Su gracia! «El que no cree ya ha sido condenado» (Jn.3:18). Pero la final ejecución de esta sentencia
espera al día de Su gran poder (Nah.1:6).

V. El Señor domina en la tempestad, en el torbellino, en las nubes, los ríos, la mar y el fuego (Nah.1:6). No podemos imaginar a ninguna de las fuerzas naturales que Él ha creado rebelándose contra Su voluntad. Todas ellas son armas en Su panoplia. Él tiene Sus caminos en todos ellos. Tenemos la seguridad de que cada átomo en el universo está bajo ley. Los vientos están en Su puño, las nubes son el polvo de Sus pies. Son el hombre y los ángeles caídos los rebeldes. Pero, «¿Quién se sostendrá delante de su ira?» (Nah.1:6).

VI. «Jehová es bueno, fortaleza en el día de angustia» (Nah.1:7). El Señor es grande en poder, pero también en bondad. Su bondad es una fortaleza para nosotros en el día de nuestra angustia debido al pecado, a la debilidad o al fracaso. «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones» (Sal.46:1). «Por gracia sois salvos» (Ef.2:8).

VII. El Señor conoce a los que en Él confían (Nah.1:7). Somos conocidos de Dios, no por nuestra sabiduría, ni por nuestras muchas obras, ni por nuestra popularidad a los ojos de los hombres, sino por haber confiado en Él. El Señor conoce a los tales, aunque el mundo nada sepa de ellos. Tened fe en Dios, y tened la certidumbre de que Él conoce a los que en Él confían, y de cierto que los satisfará con Su bondad. Bienaventurados todos los que ponen en Él su confianza.


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