La Permanencia Del Matrionio (Los 10 Mandamientos. p7)

SERIE DE ESTUDIOS BIBLICOS: Los 10 Mandamientos.
ESTUDIO 7: «LA PERMANENCIA DEL MATRIMONIO»

EXODO 20: 14
«No cometerás adulterio»

Tenemos ante nosotros otro nuevo estudio en el Antiguo Testamento, basado en «Los Diez Mandamientos». Dijimos al comenzar estos estudios que aunque muchos dicen que los Diez Mandamientos fueron dados a los judíos como nación y que ahora vivimos en otra dispensacion, vivimos en el período de tiempo donde Dios trata al hombre en gracia y no en juicio, la verdad es que los que piensan de esa manera se olvidan que los mandamientos nos enseñanprincipios espirituales por los cuales nosotros debemos de andar.

A continuación vamos a considerar el séptimo mandamiento dado por Moisés a la nación de Israel, nación a la cual legisló con poder y soberanía. Dice así el séptimo mandamiento, Exodo 20:14, «No cometerás adulterio».

El séptimo mandamiento nos habla de algo muy, pero muy importante, la permanencia del matrimonio. Notemos a manera de introducción, que lo primero que Dios creó dentro de la vida social fue la familia. En Génesis 1:27 leemos: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó». Dios no creó al hombre para vivir en soledad sino para vivir en compañía de una mujer.

Lo primero que notamos entonces es que Dios creó la vida social de una manera que está unida permanentemente al centro familiar. En base de la vida social creada por Dios, el hombre y la mujer fueron la parte fundamental de esa creación.

La unión de una mujer y un hombre son la expresión real de la voluntad de Dios. Debido a la seriedad de este mandamiento, trataremos de analizarlo con la responsabilidad que el mismo requiere. Vamos a dividirlo en tres partes que nos van a permitir entenderlo mejor. En primer lugar veremos que el matrimonio no es un contrato civil, sino un sacramento, en segundo lugar, el fracaso matrimonial no necesita castigo, necesita perdón, y en tercer lugar, la victoria matrimonial puede ser permanente.

Bajo estos tres aspectos vamos a analizar la permanencia del matrimonio, utilizando como texto básico Exodo 20:14. Comenzando con la primera parte que nos da la realización del hecho, la fuerza vital de la sociedad en la cual vivimos, podemos decir que el matrimonio no es un contrato civil establecido por una nación determinada o por un grupo de personas, sino que es un sacramento. El cometer adulterio no solamente es un pecado civil sino que también es un pecado contra Dios.

En Exodo 20:14 Dios dice «No cometerás», Dios nos advierte; Dios no nos está dando una opción, nos está dando un mandamiento. Dios nos está hablando en forma directa, no en forma condicional. Esta expresión , «No cometerás» la encontramos en Génesis 2:17, con la mismafuerza, dice así la Biblia: «mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás». El cometer adulterio es un pecado contra Dios ¿Por qué? porque el matrimonio no es un contrato civil, sino que es un sacramento y que por lo tanto debemos de darle responsabilidad al mismo desde el punto de vista eclesiástico y no desde el punto de vista civil solamente.

En segundo lugar, el adulterio es un pecado contra la familia.

En Génesis capítulo 2 y versículo 24, la Palabra de Dios dice: «…dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne».

El matrimonio no es un contrato civil, es un sacramento; el adulterio por lo tanto es un pecado contra Dios en primer lugar. En segundo lugar, debido a que Dios nos dió las reglas sociales, es un pecado contra la familia.

En Mateo 19:6 el Señor Jesucristo dice: «Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre». Lo que Dios unió no lo corrompa el hombre, no lo corrompan nuestros deseos carnales.

La permanencia del matrimonio depende del concepto que tengamos del mismo. Por este motivo, Dios establece las reglas por las cuales se tiene que regir el matrimonio. En primer lugar vemos que no es un contrato social, sino que es un sacramento. En segundo lugar vemos que el adulterio es un pecado contra Dios y un pecado contra la familia. En tercer lugar es un pecado contra la sociedad.

En el libro de Proverbios capítulo 14:34 encontramos esta palabra de Dios para su pueblo: «La justicia engrandece a la nación; Mas el pecado es afrenta de las naciones». La decadencia de una nación se puede ver a través de la estabilidad social en el
vínculo más pequeño pero más fundamental que Dios ha hecho, la familia.

Cuando el concepto familiar es violado abiertamente, cuando el concepto y respeto familiar no se tiene ya más en cuenta, entonces estamos dentro de un hecho civil muy importante y muy firme en el cual debemos meditar seriamente.

En tercer lugar, el fracaso matrimonial no necesita castigo, necesita perdón. En Juan capítulo 8 Jesús trata este caso personalmente. Juan 8:3-11, «Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿Qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguióescribiendo en tierra. Pero ellos, al oiresto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete y no peques más».

El fracaso matrimonial no necesita el castigo, necesita el perdón. Hay dos razones para ello. En primer lugar, porque Jesús es Señor de nuestras circunstancias y en segundo lugar, porque en Jesús hay perdón. Vamos a detenernos un poquito en este aspecto.

Si bien el matrimonio no es un contrato social sino que es un sacramento, y debe de mantenerse limpio, puro y sin mancha, el fracaso matrimonial no necesita del castigo sino que necesita el perdón. Jesús nos enseñó que eso es lo que debemos hacer, ¿Por qué? Primeramente porque Jesús es Señor de nuestras circunstancias. En un momento de fracaso y de dolor podemos acudir a un Señor que entiende nuestro fracaso, y podemos encontrar en él, perdón. Dios es más rápido en perdonar, que el mismo ser humano.

En segundo lugar dijimos que el fracaso matrimonial no necesita el castigo sino que necesita el perdón, porque en Jesús hay perdón.

Las leyes civiles condenan a aquel que comete adulterio, las personas o la sociedad que rodea a tal persona, la detesta, aún en el momento en que pide perdón y no tiene una solución establecida, ni la ley tiene una solución establecida tal cual los fariseos le dijeron a Jesús «tal persona tiene que ser apedreada…» pero vemos a través de la Escritura que en Jesús encontramos perdón. En el Salmo 130:4, David hablando de Jesús dice: «Pero en tí hay perdón, para que seas reverenciado».

Quizás muchos no podrán perdonar el hecho de que usted haya adulterado, pero hay uno que sí le puede perdonar, Dios, a través de Jesús. En Jesús hay perdón «Porque en él hay perdón», dice el Salmo 130:4. El fracaso matrimonial no necesita el castigo jurídico, mas necesita el perdón de Dios.

Si usted es una de esas personas que está pasando por esta circunstancia difícil del fracaso matrimonial, le invito no a mirar al psicólogo sino de ir a Jesús y él ha de comprenderle, perdonarle y ayudarle a quebrar esta hora de dolor y transformarla en una hora de victoria. Jesús es la solución para nuestros problemas. Su palabra, Su amor, Su entendimiento, Su permanente disciplina, nos ayudan a entendernos y ayudan a entender a los demás. Apartados de Jesús no hay solución a nuestros problemas, pensemos en ello.

Por último quisiera que consideremos que la victoria matrimonial puede ser permanente. Hay dos factores en ello. El primer factor está dado en que debemos de poner nuestra parte, debemos de someternos a Dios. En la carta de Pablo a los Efesios capítulo 5:21 dice: «Someteos los unos a los otros en el temor de Dios».

La victoria matrimonial puede ser permanente cuando ponemos de nuestra parte y eso significa que tanto el esposo como la esposa deben de lograr una total sumisión a Dios. Unquebrantamiento de corazón tal, una unidad de amor, espíritu y alma a lo que Dios dice, de tal manera que vamos a El con el corazón quebrantado y le decimos; «Señor, sé el Señor de nuestra vida, sacúdenos, enséñanos, háblanos de ese perdón magnífico que Tú tienes».

En segundo lugar, no solamente debemos de poner nuestra parte, sino dejar que Dios ponga la Suya. Es hora de que escuchemos Su Palabra. Dice la Biblia que «La fe viene por el oír y el oír la Palabra de Dios». La sanidad para nuestros fracasos ha de lograrse en forma permanente cuando tenemos la voz de Dios en nuestra vida.

Oigamos lo que Dios tiene para decirnos, vayamos a El y digámosle: «Señor, hasta ahora hemos tratado todos los métodos humanos, todos los consejos de los hombres, hemos tratado honestamente de enderezar nuestro matrimonio, pero no lo hemos logrado. Señor, no solo te damos nuestra vida sino que te damos nuestro matrimonio también para que tú lo endereces y lo hagas marchar». Hágalo, y la paz de Dios ha de inundar su corazón.

Por Manuel Otero (Family Radio)


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