Los Que Buscan Al Señor (Charles Stanley)

Los que buscan al Señor
Escrito por Charles Stanley

Conservo en mi oficina la vieja y desgastada Biblia de mi abuelo. Hay algo muy especial acerca de ese libro. Siempre que lo tomo en mis manos, me acuerdo de alguien que Dios usó para plantar en mi corazón las lecciones más maravillosas de toda una vida.
Aunque yo no veía a mi abuelo a menudo, él hizo un profundo impacto en mi manera de pensar y en mi crecimiento espiritual. En una de nuestras infrecuentes pero preciosas visitas, me habló de la manera como Dios había actuado en su vida. Entonces comencé a preguntar: “Señor, si Tú obraste de esa manera en la vida de mi abuelo, ¿qué estás dispuesto a hacer en mi vida? Yo tenía apenas 17 en ese momento, y no entendía totalmente el concepto, pero esa conversación puso en mi corazón el deseo de buscar a Dios.

La expresión “buscar al Señor” se refiere al deseo de conocerle, al hambre y a la sed ardientes de tener una relación íntima con nuestro Creador. Implica la maravillosa sensación de desarrollar unidad con Él, donde Jesucristo no es ya nuestro distante Salvador y Señor, sino un amigo íntimo que camina con nosotros día tras día.

En Mateo 12:39, Jesús llamó “mala y adúltera” a su generación: “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada”. Ellos buscaban señales y prodigios en vez de buscar al Señor. Hoy, vivimos en un clima espiritual muy parecido, en el que las personas quieren demostraciones del poder divino, pero se conforman con una simple relación superficial con Jesús. Les satisface saber que son salvas, asistir a la iglesia y recibir respuestas a sus escasas oraciones; sin embargo, prefieren no ahondar en su relación con su Salvador ni buscarle más efectivamente.

Maneras de buscar a Dios

Los beneficios de buscar a Dios son maravillosos; la Biblia nos dice que “los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien” (Salmo 34:10). Pero no seremos llevados por inercia, de manera accidental a una relación significativa con Él; el secreto para desarrollar intimidad con Dios es actuar decididamente teniendo ese fin en mente. Como dice en 1 Crónicas 22:19: “Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios”. ¿Cómo podemos, entonces, buscar con tesón conocerle mejor?

Por la Biblia—La Biblia es la relación escrita de los atributos de Dios y de la manera como Él actúa. Muchos cristianos leen uno o dos pasajes cada mañana, pero buscar al Señor exige mucho más que eso. Cuando abra la Palabra de Dios, dígale al Señor: “Quiero conocerte mejor. Háblame, Señor, y muéstrame la verdad sobre Ti”. Usted puede tener la seguridad de que “muéstrame la verdad” es una oración que Dios siempre responderá.

Cuando usted se enamora de alguien, anhela desarrollar una relación para conocer más a esa persona. Cuando se produce la intimidad verdadera, las barreras desaparecen y la ignorancia es sustituida por un conocimiento que tiene un nivel más profundo que lo físico o lo emocional: se produce una conexión con el espíritu de la otra persona. De manera parecida, si usted quiere buscar a Dios, abra su Biblia con el propósito de hallar respuestas a las siguientes preguntas: ¿Quién es este Dios? ¿Quién es este Cristo? ¿Quién es este Espíritu Santo que mora dentro de mí y que expresa la vida de Jesús a través de mi ser?

Por la oración—Todos nosotros tenemos una lista de oración. En realidad, la mía tiene centenares de asuntos, pero nada de lo que hay en esa lista abarca mi objetivo supremo cuando oro, que es conocer más a Dios. Hace algún tiempo aprendí esta verdad en el libro En pos de lo supremo, de Oswald Chambers. Lo más importante en mi vida no es mi servicio, ganar personas para Cristo, predicar sermones, o ser un pastor. Lo más importante en mi vida es desarrollar mi relación con Cristo. Por tanto, cuando usted se acerque a Él en oración, dígale: “Señor, abre mi corazón a Ti y háblame; muéstrate a mí, y ayúdame a entender Tus caminos”.

Por la adoración—No venga a la iglesia simplemente porque es domingo. Por el contrario, venga con un corazón hambriento y una actitud de: “Señor, ¿qué quieres decirme? ¿Qué quieres hacer en mí y a través de mí?” Venga listo para escucharle; tenga una Biblia abierta, una libreta y una pluma, para que pueda anotar lo que el Señor le revele lo que Él está tratando de hacer en su vida. Usted se marchará habiendo aprendido verdades que influenciarán su futuro si las acepta y las aplica.

No puedo imaginar que alguien vaya a un culto para sólo estar allí sentado, y pensando: ¡Qué sermón tan maravilloso! El propósito de la iglesia no es entretenerle sino más bien dejar que Dios cause un impacto en su corazón, que cambie su vida, y que lo haga cada vez más parecido a Jesucristo. Esto comenzará a suceder cuando usted lo invite decididamente a hablarle a su corazón.

Por los libros—Los grandes autores de la fe tienen conocimientos profundos y útiles, pero no serán de valor para usted si no busca intencionalmente a Dios mientras los lee. Tenga, por tanto esta disposición: “Señor, quiero conocerte más. Muéstrame algo nuevo, y si hay algo acerca de Ti que debo entender pero no he captado, hazme el favor de revelármelo”. Hay ocasiones en las que, cuando leo una nueva idea, tengo que ponerme de rodillas y decir: “Señor, ¿cómo es posible que después de haber sido cristiano tanto tiempo no haya visto esto antes?” Pero, para todos nosotros, es necesario oír repetir algo una y otra vez para que ciertas verdades penetren profundamente en nuestros corazones.

Por la conversación—Sea intencional cuando converse en casa, en el trabajo y con sus amigos. No permita que su conversación gire sólo en torno a los deportes, la política y los titulares de la prensa. ¡Haga que la conversación se dirija a Jesús!

A mí me encanta estar en medio de un grupo de personas y escuchar su conversación, porque aprendo algo nuevo. Pero la conversación banal no me interesa; quiero hablar de cosas que dejen una huella, ya sea en la vida de otra persona o en la mía. Por eso, cuando usted esté con un grupo de amigos, compañeros de trabajo o familiares, tenga puestas sus “antenas” espirituales, y podrá descubrir algo nuevo o discernir cuando intervenir con un comentario que apunte al Salvador.

Los resultados de buscar al Señor

La Biblia nos dice que cuando nuestra prioridad máxima es conocer a Dios, podemos esperar una serie de beneficios, además de la gran bendición de tener intimidad con Él:

1) No tendremos falta de ningún bien. El salmo 37:4 dice que si Dios es lo primero en nuestro amor e interés, Él nos concederá los deseos de nuestro corazón. Como nuestro Creador omnisciente, el Señor nos conoce mejor que lo que nos conocemos a nosotros mismos; Él está muy consciente de nuestros anhelos más profundos, incluso de algunos de los que no nos hemos dado cuenta. Aun más, al buscarle aprendemos como piensa Él, nuestros pensamientos comienzan a alinearse con los Suyos, y desearemos solamente lo que Él desea. De esa manera, las bendiciones que Dios decide amorosamente para nosotros, satisfarán verdaderamente los deseos de nuestro corazón.

2) Tendremos éxito en la vida. Segundo de Crónicas 31:21 nos ofrece el ejemplo de Zacarías: “En todo cuanto emprendió en el servicio de la casa de Dios, de acuerdo con la ley y los mandamientos, buscó a su Dios, lo hizo de todo corazón, y fue prosperado”. Igualmente, el Señor le dijo a Josué que obedeciera el libro de la ley para que pudiera prosperar y tener éxito en todas sus empresas (Josué 1:7, 8). El principio es que, al meditar en la Palabra de Dios, llegamos a entender Sus caminos y Su voluntad, y nuestra relación con Él se profundizará. Si conocemos más a Dios, haremos decisiones correctas en número cada vez mayor, y eso lleva al éxito.

3) Adquiriremos entendimiento. Proverbios 28:5 dice: “Los hombres malos no entienden el juicio; mas los que buscan a Jehová entienden todas las cosas”. Un corazón malo es tenebroso e impuro, y en él se aloja un espíritu rebelde. Pero cuando ansiamos conocer a Dios, nuestro corazón se vuelve limpio, nuestra mente se aclara, y nuestro espíritu se hace obediente; seremos, entonces, capaces de discernir lo que es moralmente bueno y lo que es moralmente malo, y entonces acataremos obedientemente la dirección divina.

4) Sabremos lo que es el contentamiento. Por su experiencia en el desierto, David sabía lo que era ansiar con vehemencia el agua; por eso usó la imagen de la sed en el salmo 63:1 para expresar la ansiedad con que él buscaba al Señor. En el versículo 5, expresa un genuino y profundo contentamiento: “Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, y con labios de júbilo te alabará mi boca”. Es que en el corazón de una persona que busca con afán al Señor, hay una sensación de profunda satisfacción.

Búsquelo ahora mismo

La experiencia más emocionante que yo he tenido, es postrarme delante de Dios y tener comunión con Él. Ninguna otra cosa hará en favor del corazón humano lo que hará Su presencia; ninguna otra cosa satisfará su espíritu como el estar a solas con el Señor Jesucristo. En eso consiste el contentamiento.

¿Qué anhela su corazón? Al despertar cada mañana, ¿en qué piensa y qué desea en la vida? Si es capaz de responder: “A Jesucristo”, eso es evidencia de que usted está buscando verdaderamente al Señor. Si usted desea tener más comprensión y mayor conocimiento de la voluntad de Dios para su vida, no espere entonces. Ya sea que tenga 5 años o 95, comience a aprender cómo buscar, obedecer, y seguirle. Ése es el camino que conduce al éxito y al verdadero contentamiento.


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