Advertencias Sobre Las Herejías

Texto: 1 Timoteo 1:1­20
Versículo clave: «Palabra fiel y digna de ser hay otro evangelio, recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”. 1 Timoteo 1:15

Debemos estar firmes en el evangelio puro mientras defendemos la práctica de la verdad bíblica

UN VISTAZO PRELIMINAR

Comenzamos un estudio de 1 Timoteo y Tito. Esta epístola es una de las tres llamadas las epístolas pastorales. La razón es que éstas son cartas escritas a dos pastores, Timoteo y Tito, y tratan de cómo se relacionan los pastores y las iglesias. Timoteo y Tito eran pastores. Timoteo pastoreaba la iglesia de Éfeso y Tito pastoreaba en la Isla de Creta. Estos eran campos difíciles, pero de alguna forma todos los campos de la obra del Señor son difíciles.
Estas epístolas tienen lecciones maravillosas para los predicadores, pero también son extremadamente instructivas para las iglesias. La obra del Señor nunca es un espectáculo de un solo hombre. Todo hijo de Dios tiene una parte que ejercer en el reino del Maestro, y la Biblia nos da amplias instrucciones para hacer toda buena obra.
Comenzamos con una advertencia sobre las herejías que sigilosamente habían entrado en las iglesias de finales del primer siglo. Los hombres de Dios deben ser diligentes porque los agentes de Satanás están constantemente trabajando. Hay los que enseñan falsas doctrinas, y debemos tomarlos en serio. Si pasan desapercibidas, estas falsas doctrinas invadirán y debilitarán las iglesias más fuertes.
Como en muchas cosas, se necesita un balance. Debemos de luchar contra las fuerzas de la falsa doctrina, pero al hacerlo, no debemos rechazar la obra positiva de la predicación del evangelio a los perdidos. El diablo también puede alcanzar sus propósi­tos de separar nuestra energía. La mejor defensa a menudo es un buen ataque. Cuando estamos activamente involucrados en un ministerio positivo, tenemos todas las herramientas de defensa que necesitamos para resistir los ataques de Satanás.

UNA MIRADA MÁS CERCANA

I. Los peligros de otras doctrinas
1 Timoteo 1:3, 4

1 Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina,
2 ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora.

Cuando Pablo fue guiado a irse de Éfeso y proseguir con su ministerio, él se percató que vendrían falsos maestros y tratarían de corromper la verdad que él había proclamado para establecer la iglesia ahí. Pablo había trabajado por tres años con los hermanos en Éfeso, y una gran iglesia había sido establecida; pero él tenía que seguir adelante y no quería que esta obra colapsara. Un misionero fiel no sólo establecerá iglesias sino que hará lo mejor por ver que crezcan y sean estables.
Así que Pablo le pidió o le rogó a Timoteo que se quedara en Éfeso y continuara ahí con el ministerio. Pablo fue específico en su cargo a Timoteo. El término mandases es un término militar y significa “ser puesto bajo órdenes”. Timoteo era sólo un predicador así como Pablo, pero Pablo como apóstol, estaba enfatizando la seriedad de esta enseñanza. Ésta no era una solicitud pasajera; era un asunto importante de negocios y Timoteo debía tratarlo como tal.
El asunto era que algunos entrarían y predicarían otras doctrinas que Pablo no había enseñado. Timoteo debía seriamente mandarles a estos miembros en la iglesia que dejaran esta práctica. Así como un pastor de ovejas, un pastor es responsable de su rebaño. Una de sus responsabilidades es la de estar pendientes que no se enseñe ninguna doctrina falsa.
La prueba de la doctrina es sencilla. Probamos nuestra enseñanza por medio de la Palabra de Dios. Si una idea o doctrina está en la Biblia, debemos enseñarla, y si no lo está, no debemos aceptarla. Esto quiere decir que tenemos que escudriñar las Escrituras para saber qué enseñar. Dios nos ha dado la Biblia como guía de nuestra fe y práctica. Jamás debemos ignorarla ni sustituirla por las enseñanzas contemporáneas de los hombres. La fuente de la gran cantidad de doctrina falsa es la así llamada sabiduría de los hombres sustituida por la clara verdad de la Biblia. Cuando sabemos lo que declara la Biblia, no necesitamos ninguna información adicional; sólo necesitamos hacer lo que sabemos.
Otra fuente de falsa doctrina son las fábulas. Una fábula es un cuento o una leyenda que puede crecer desde un grano de verdad hasta llegar a representar una situación fuera de proporción con la realidad. Cuando se relatan cuentos una y otra vez, fácilmente pueden exceder la verdad. Algunas personas tienen tan buena memoria que pueden recordar cosas que jamás sucedieron. Tenga cuidado de una historia fabulosa que sea demasiado buena para ser cierta. Probablemente no sea cierta del todo. Por ejemplo, a menudo oímos de los “buenos tiempos pasados” cuando las cosas eran perfectas. Nosotros no somos sabios si nos perdemos en el pasado (Ecl. 7:10).
Otra fuente de error es tratar de encontrarle un significado más profundo a una afirmación que expresa una simple verdad. Son eslabones al pasado, pero también pueden acarrear preguntas interminables e incontestables que sólo pueden dividir y traer conflictos. La clave es simplemente evitar estas cosas. Déjelas ahí. Cuando usted oye una doctrina falsa, una fábula o una pregunta incontestable, sencillamente aléjese. Jesús no contestó todas las preguntas que le hicieron. Nosotros tampoco tenemos que hacerlo.

II. Peligros de una fe fingida
1 Timoteo 1:5­11

5. Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida,
6. de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería,
7. queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.
8. Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente;
9. conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas,
10. para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina.
11. según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.

Tal vez una falsa doctrina más sutil que palpable es la problemática interna provocada por los que pretenden tener la fe que realmente no poseen. La creencia verdadera en Jesús dará como resultado un cambio de comportamiento (2 Co. 5:17). Esto será evidente en un corazón puro y con buena conciencia. Sin embargo, es posible pretender o fingir fe en Jesús. Aquellos que sólo fingen creer sin realmente vivir una experiencia de cambio de vida están andando en un camino peligroso, no sólo para ellos mismos sino también para aquellos que puedan influenciar.
Tales personas fácilmente son apartadas de la verdad, aún por “vana palabrería” (1 Ti. 1:6). Puede que ésta haya sido el mal uso y las falsas aplicaciones dadas a la ley de Moisés de parte de los falsos maestros de esos días. La verdad es fuerte y evidente. Nuestra fe no se basa en el análisis de las palabras, y la verdadera doctrina no se fundamenta en los puntos finos de la gramática. Quienes reducen la verdad a tal nivel no entien-den las cosas que están tratando de enseñar. El primer requisito de un maestro es que conozca lo que enseña. Ninguna destreza de presentación ni personalidad sustituirá el conocimiento del tema que está siendo enseñado.
Una de las puertas de la falsa doctrina es que los hombres se colocan en puestos de enseñanza sin tener las destrezas, el conocimiento ni el desarrollo espiritual para enseñar de manera efectiva. Los puestos de enseñanza a menudo son cubiertos por
cualquiera que esté dispuesto a servir en lugar de aquellos que realmente están capacitados. Esto llevará a confusión y a error.
El problema en Éfeso fue una perversión de la ley. Pablo señaló que no había nada de malo con la ley y que no había nada malo con enseñar la ley cuando se hacía de manera apropiada. La ley tuvo su propósito y debía ser enseñada dentro de ese propósito. La ley fue una maestra diseñada para traernos a Cristo (Gá. 3:24). Le señalaba a uno el pecado y destacaba la incapacidad de uno para resolver su pecado por su propia cuenta. La mala interpretación de la ley en sí misma se convertía en una violación de la misma. Podía llevar a la falsa doctrina que alejaría a los hombres de Jesús y no los atraería hacia él.
La prueba, como siempre, está en el fruto que nace. Quienes realmente han nacido de nuevo y son guiados por el Espíritu Santo no exhibirán el comportamiento pervertido que se menciona aquí. Estos versículos no están enseñándonos que podemos hacer que nos comportamos para ir al cielo. Nos demuestran que cuando somos salvos, nuestro carácter cambia y ya no nos comportaremos como una vez lo hicimos. La conducta es una prueba ácida del carácter espiritual. Esto no quiere decir que las personas buenas ocasionalmente no harán cosas malas; pero sí quiere decir que las cosas mencionadas aquí son hábitos perpetuos de un estilo de vida. Esto es exacta-mente el tipo de conducta que la fe en Jesús cambia.
El glorioso evangelio liberará de tal conducta a quienes verdaderamente lo crean. Sin embargo, quienes solamente finjan tener fe ser resbalarán con facilidad hacia tal pecado atroz. El comportamiento cambiado de forma permanente es la prueba real de una renovación espiritual interna.

III. Peligros de una mala conciencia
1 Timoteo 1:18­20

18. Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia,
19. manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos,
20. de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.

Aquí no hay progreso. Cuando nos damos a doctrinas falsas y pretendemos tener fe, podemos confundirnos tanto que pensamos que lo correcto es incorrecto y que lo incorrecto es correcto. Recuerde este simple principio. Nunca es correcto hacer lo malo y nunca es malo hacer lo correcto. Nuestras circunstancias, sin importar cuánto nos demanden, jamás harán que lo malo sea bueno ni que lo bueno sea malo.
Esta es una guerra y la batalla se libera todos los días en las mentes de los hombres y las mujeres. Pablo sabía esto y él instó a Timoteo a ver las cosas de esta forma. Timoteo debía luchar esta batalla espiritual usando la única arma que tenía disponible, la espada del Espíritu. Él debía predicar en fe creyendo lo que decía y lo que la Palabra declaraba. Él debía predicar con una buena conciencia, sabiendo que había vivido lo que predicaba. Ésta era la buena ofensiva la cual era la mejor defensa.
Pablo fue rápido en señalar que algunos no se habían comportado de esta manera. Himeneo y Alejandro fueron llamados por nombre. Nosotros no sabemos qué hicieron específicamente, pero sabemos que, fuera de una buena conciencia, habían naufragado su propia fe y tal vez la fe de otros. Esta es una metáfora interesante. Sugiere que le puede ocurrir un gran daño a nuestro testimonio. No obstante, sabemos que una vez que somos salvos, somos eternamente salvos. Aunque nuestra influencia pueda estar arruinada, si somos salvos, al final iremos al cielo. Puede que sea salvo, “así como por fuego” (1 Co. 3:15), pero seguirá siendo salvo.
A algunos se les podrá enseñar y deben ser enseñados. A algunos se les hará la advertencia y deben ser advertidos; pero unos cuantos resistirán la verdad sin importar cómo les sea presentada. Estos únicamente pueden dejarse solos, o dejarse a la destrucción satánica, para que aprendan a no profanar la sagrada verdad de la Biblia.

UNA PALABRA FINAL

A través de los siglos la verdad de Dios ha sido cargada de falsedad. Desde el principio en el huerto, Satanás ha mentido y malinterpretado las cosas sencillas que Dios tiene que decirle a la humanidad. Así como Eva, la gente todavía está prestándole atención y creyendo las mentiras por encima de la verdad.
Pablo sabía que esto sería un peligro en la ciudad de Éfeso, y le advirtió a Timoteo del peligro de la falsa doctrina, y también nos advierte a nosotros. Hay muchas falsas doctrinas en el mundo hoy. Nosotros no tenemos que esforzarnos mucho para encontrarlas, pero hay algo que podemos hacer al respecto sobre cada una de ellas.
Primero, debemos enseñar la verdad. La verdad simple y llana de las Escrituras será la cura para aquellos meticulosos que buscan fábulas. Cuente la vieja historia repetidas veces. No hay razón alguna para hacerlo de otra manera.
Entonces, debemos insistir en que lo que creemos tendrá un efecto en cómo nos comportemos. Esté alerta por cualquier maestro que no haya cambiado por lo que enseña. No le compre restaurador de cabello a un hombre calvo. No se deje impresionar por palabras extravagantes y presentaciones bonitas. Más bien busque la simplicidad que está en Cristo.
De último, reconozca que no ganaremos todas las batallas. Cuando otros nieguen la verdad y rechacen el evangelio, simplemente déjelos solos. Si realmente son salvos, al final verán el error de sus caminos. Si están perdidos, pueden oír y aceptar la verdad del mensaje del evangelio. De cualquier forma nosotros habremos hecho todo lo que podamos al predicar y enseñar la verdad y haremos lo mejor para que aquellos que lo oigan, lo entiendan.

PARA DISCUSIÓN

1. Si Pablo le escribiera a su pastor hoy día, ¿sobre cuáles herejías le advertiría?
2. ¿Cuál error moderno sería equivalente a las “fábulas e interminables genealogías”?
3. ¿Cuál es el primer mensaje que toda iglesia debe tener claro?
4. Comente sobre cómo podemos equipar mejor a nuestras generaciones futuras para que sigan siendo fieles a la verdad.

Preparado por D. Robinson; COMITÉ BAUTISTA ESCUELA DOMINICAL de A.B.A.

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